viernes, 1 de mayo de 2009

DESAMOR EN TIEMPOS DE INFLUENZA


La vida antes de la Influenza A/H1N1


La mayoría de las personas que conozco tenía la costumbre de saludar con un beso en la mejilla a sus familiares y conocidos, aun a las personas que le acababan de presentarle, pero todos sin excepción, saludábamos con un apretón de manos.
Estornudábamos tapándonos con la palma de la mano y moviendo la cabeza hacia un lado o hacia abajo, y sin preocupación solo nos decían salud y los más viejos Jesús, y continuábamos muy animadamente con la conversación.
En los estadios gritábamos bailábamos y nos abrazábamos con quien estuviera a nuestro lado conocido o no, en las Discos (antros para los jóvenes) bebíamos nuestros tragos en el vaso que nos trae el mesero sin pensar si son los nuestros los del compañero o de otra persona, y como los lavaron si es que los lavaron.
Los lavábamos las manos al salir del baño y antes de sentarnos a comer, nos rascábamos la nariz el bigote, la boca sin ni siquiera pensarlo.
Cuando nos acercamos al mostrador de cualquier ventanilla donde teníamos que pagar, preguntar o esperar, nos recargábamos muy tranquilamente, y si teníamos un chicle o dulce lo desenvolvíamos my despreocupadamente y no lo llevábamos a la boca, sin importar si estregamos o recibíamos dinero.
Al ir de compras tomábamos un carrito y realizábamos todas nuestras compras, hacíamos fila pagábamos metíamos las bolsas al carro, o tomando el autobús entre empujones, estornudos, tos y llegábamos a casa, donde guardábamos el mandado y nos sentábamos a ver la tele, comiendo papas fritas o cualquier chuchuluco.
Los muy allegados compartían las botellas de agua u otro líquido y no nos importaba si las o los cocineros, empleados de limpieza de nuestro trabajo u hogar estaban sanos o a gripados, al igual que nuestros compañeros o clientes.
QUÉ DIAS…. QUE DÍAS, si francamente que días aquellos que nunca volverán. Esto me recuerda a la tía Yaya, siempre con guantes blancos y cuando tenía que abrir una puerta con picaporte usaba un pañuelo desechable, y si le dirigías la palabra se cubría la nariz y boca con otro pañuelo desechable. No recuerdo haberla visto comer o tomar agua o refresco, cuando se le visitaba en su casa, del recibidor no pasábamos, y tampoco recuerdo si ofrecía algo de beber o no, pero que siempre cargaba con una caja nueva de pañuelos desechable por supuesto que sí.

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